martes, 6 de octubre de 2009

TRIPUVA



Y pájaros que nos comen. Lo importante es seguir el camino cuyo final visible es un color lindo o una luz atractiva. Y así vas a llegar al fin del mundo: donde Rivadavia cambia de nombre. Donde amanece y estás en Puerto M. mirando el techo despejado con eztrezhas que se escapan para dar lugar al sol solcito. Y todo es perfecto porque las partes se unen y aparece Maru con un montón de gente hermosa. Y en el aire hay una paz re linda y gente que te convida cigarrillos aunque sean Next (diuj). Y después, el regreso al primer casillero, en el cual comenzamos la aventura y el viaje a la luz: el colegio, donde personas como Nicole y Batho te llenan de armonía. El colectivo 8 con Joaquín que me abandona y se baja en Kballito (yo tengo que seguir de largo hasta llegar a Rivadavia al 8500). Pero siempre hay algo positivo, cuando una puerta se cierra otra se abre y aparece un ser que está en la misma situación que vos y tu verborragia, tu panza llena de palabras te hacen vomitar y te descargás un petit peu. Luego llego a mi casa después de caminar unas cuadras, me duermo pensando en una persona, hablando con ella. Una persona que voy a ver al día siguiente y quiero decirle cuánto la quiero. Y en las cinco horas que duermo me despierto en un mundo de sábanas y envolturas y doblamientos. El despertar es tranquilo pero sigo en una nubecita, es decir que estoy afuera de la realidad. Hasta que lo veo y pasamos una tarde a-temporal hermosa y después me vuelvo a mi casa satisfecha y pura.
Au revoir, voyagers.