sábado, 16 de octubre de 2010

LUPITA

No me pinches el globo que si estoy soñando no me importa...

lunes, 11 de octubre de 2010

HOY ME LEVANTÉ BASTANTE LIMADA DEL BOCHO Y ESCRIBÍ ESTO

Los hombres se enroscan con… ( ¿?) … No me acuerdo qué. Con el aire. No sé. Los hombres son los individuos más vulnerables que existen. Pero uno sabe cuáles son los hombres inquebrantables. Parece que estoy idealizando, pero no. Con inquebrantables me refiero a íntegros, no a perfectos ni puros ni mejores. A hombres que no se ven patéticos encubriendo sus necesidades animales en actitudes más elevadas. Y eso ya sé con qué tiene que ver. Tiene que ver con si el hombre está entregado a su yo interno o no. Guido es una persona íntegra porque está en paz interna. No, en paz no se si está, no sé si llegó a tanto, pero es un tipo que se pudo entregar a su deseo, es decir, a su ser. En cambio, XXX es tan vulgar. Es tan rompible. Su vida no es deseo, es pretensión. Uno para no entregarse a su ser puede convertir el deseo en pretensión. ¿Cómo? Viviendo por el deseo puro y no por el camino hacia él. Porque uno se realiza con el camino, no alcanzando el deseo en sí. La vida es un camino a. XXX es atravesable por sables por ese motivo. Lo que se ve de él es un armazón de fuerza y pretensión lograda. Porque lo que él aparenta es que ha cumplido sus pretensiones. En realidad eso no lo sabemos, pero su escudo está manchado con esas exhibiciones. Uno piensa que. Uno piensa que él es fuerte. Se muestra seguro. Es un chico “no-me-importa-nada”. Y en ese nada cabe justamente, la nada, el anonadamiento, porque él está anonadado con la realidad sólo que se cubrió de esa escarcha podrida para pisar tierra. A él le importa todo. Él le habla a una persona mirando de reojo a todas las demás. Y esto significa muchas cosas. Su vida es un actuar constante, entonces controla cómo el público vive su pieza de teatro. Ayer lo observé mucho, por eso me miró mucho, porque sintió que yo le estaba prestando atención. ♥♥♥ lo ama, pero él a ella no. A él ni siquiera le importa ella. La vida de ♥♥♥ pasa por el colegio y por XXX, su vida empieza los lunes y termina los viernes, y el fin de semana es un receso. XXX vive los fines de semana y se entretiene con ♥♥♥ de lunes a viernes. Él no la ama. Sólo flashea. Y flashea aún más porque ella lo ama. Pero su vida no pasa por ♥♥♥ y ni siquiera la considera. ♥♥♥ es una persona muy sensible y muy frágil. No es rompible porque es demasiado delicada, es como un bebé que no se despertó, que todavía no se atravesó, pero que está por aprender a caminar, y ella lo sabe. Pero es tan insegura, que se ve atraída por la figura de XXX, que es el macho fuerte. En realidad es un cachivache. Ella depositó lo que le falta, la carencia interna que no le permite dar el salto hacia si misma, en XXX. Es decir, ella no está en relación con su ser porque su vacío interno proveniente del autodesconocimiento no se lo permite. Entonces se enamoró de XXX. Su zona de confianza pasa por la figura de XXX. Por ese macho viril que además tiene la dosis de bizarrez que se la da el hecho de que XXX es bastante cool. Pero sigue siendo un camionero. Y ojo, porque yo a los camioneros los respeto. Pero si uno piensa en un camionero, por lo general, lo primero que se le viene a la cabeza es un gordo sucio transpirado sentado en esos asientos de cuero bordeaux escuchando alguna bizarreada por la ruta. Y ojo, un gordo asqueroso, medio pervertido quizás, que les toca bocina a las mujeres lindas (en realidad no pasan mujeres caminando por la ruta, pero bueno, es la imagen jeje). Bueno, la imagen que me transmite el camionero es la de un bruto, y así es XXX. Con esto quiero decir que XXX no es como un camionero, sino como la imagen que tenemos incorporada de un camionero. Camionero Camionero. Porque hasta Miranda! entendería, si ellos mismos dicen “yo quiero ser tu negro del camión”. Ellos al parecer entendieron el rol del camionero en todo este asunto.

La crudeza con la que veo a los humanos es lo que me mata. Uno se enrosca con su propia visión de las cosas. No puedo entregarme a vivir, sólo puedo observarlo todo, y quizás ese sea mi gran refugio. Así me protejo de mi misma, maybe, no? Soy tan racional, y todo el tiempo palpo la pateticidad. De mi misma, que proyecto en otros personajes, como el de XXX. Pero en realidad me estoy criticando a mí.

Es gracioso pensar en cómo conviven los dos mundos. Me pregunto si a todos les pasa. El mundo de mis amigos, del colegio, mi vida social. Y el mundo de mi casa, familiar. Yo no sé a cuál pertenezco realmente. Son mundos muy separados, sí, que yo misma creo me encargué de hacerlo. Cuando estoy con mis amigos, me pienso “afuera de mi casa”. Como si perteneciera al mundo b (casa/familia), y por ese instante haya decidido vivir en el mundo a (amigos, exterior, social). Cuando estoy en mi casa, no sé. Cuando estoy en mi casa siento que en realidad es una morada de descanso para volver al ruedo. Y ahora entra aquí otra idea muy distinta que apareció en mi mente en un momento muy distinto y que recién ahora las relaciono. La vida se trata de un salir constante. Voy a. Pero no como camino a. No como camino al ser, aunque este no se alcance. Es un “voy a” por el mero lugar final pero en realidad este ya no importa, sólo vale perderse en la nada que genera ese circuito enfermizo de ir siempre a otro lugar. Si estoy en mi casa, siento que tengo que salir. Y cuando salgo, siento que tengo que volver. Cuando salgo siento que estoy afuera. Cuando estoy adentro siento que estoy adentro. Okey, eso fue muy redundante, probablemente la frase más redundante que escribí y quizás oí en mi vida. Pero el punto es que cuando estoy adentro siento que debo salir. No quiero que haya adentro y afuera, quiero que haya un acá. Si voy a una fiesta, al colegio, si salgo con alguien, sólo creo que en algún momento tengo que volver y me siento afuera. Pero en el adentro vivo para el afuera. Desde adentro lo único que hago es prepararme para mi salida. Y eso es porque aunque yo entiendo muchas cosas estoy muy bloqueada. No he podido entregarme ni en lo más mínimo a mi ser. Porque de modo contrario, no viviría ni afuera ni adentro, viviría para mí, acá, hola. Muy coloquial toda esta situación.

So… I think this is so over now.

jueves, 7 de octubre de 2010

NO ME IMPORTA MORIR


Cuando no haya aire para respirar, te estaré asfixiando. Me siento sensitivamente rara. Animícamente desbalanceada. No estoy triste ni feliz, o las dos cosas a la vez, pero no es que estoy feliz por algunas cosas y triste por otras, o feliz por algún aspecto de alguna cuestión, y triste por otro, sino que ambos estados se conjugan en uno nuevo que me perturba. Ayer fui al recital de Pixies, y fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo. Soy una histérica. No entiendo mis reacciones ante los estímulos de la realidad externa a mí. Me cuesta mucho interactuar sin sentirme descolocada. Todo me irrumpe. Vivo deseando enamorarme como la canción No me importa Morir de EOY, pero a la vez yo sé que eso es un refugio para no entregarme al camino hacia mi ser. Creo que ese deseo es más bien una pretensión y por eso reacciono inestabilizándome cuando se cumple. A la vez, ese desequilibrio que aparece puede ser resultado del miedo, o la presión de que mis acciones insiden en otro. Quiero estar sola para siempre o acompañada. Y a la vez a veces caigo. Y a veces también me doy cuenta de que todos los días pienso en ciertas personas, ¿vivo un poco para ellas, quizás? No sé. El punto es que esas personas sólo se acuerdan de mí cuando me ven.
También busco revivir a una persona en otra. Eso es lo peor. No sé nada. Estoy como en una bajada. Como al borde de un avismo, no sé. Tengo tantas pretensiones y tantos miedos y tantos prejuicios.
No amo a nadie. No quiero tener que salir nunca más. No séééééé.
Me siento adolescente. Me siento EOY.