jueves, 6 de enero de 2011

REFUGIÁNDOME

Quiero tener un hijo y formar una familia. Estar enamorada y hacer planes con otra persona para la vida, como viajar, construir un hogar, criar un guachín. Fumar porro todas las tardes escuchando discos en nuestro sillón, viajando, etcétera. Lo más probable es que muera soltera. Por cierto, soy una reprimida sexual.

miércoles, 5 de enero de 2011

RELUCIENDO ALGUNOS TRAPOS SUCIOS

Leo algunas cosas que me inspiran a vivir la vida y me parece tonta esa posición resentida de la vida que tengo. Sin embargo siempre es más cómodo ocultarme en la oscuridad de la soledad y el rechazo social a vivir con naturalidad, cuando la naturalidad me es ajena en todas sus formas. Y aunque me de cuenta de esto no significa que vaya a mejorar. Me siento incómoda conmigo y a veces me odio y lloro antes de dormir. Y lo exagero y lo publico en todo medio de comunicación posible para llamar la atención y que me vengan a auxiliar, para luego reconfortarme cuando leo un comentario en facebook que dice "mi amore". Y justamente del foco de luz. Esa persona luminosa a quien le grito vomito y escupo toda mi mierda para llamar su atención. Para que llene el vacío que generan los problemas relacionados con mi inconformidad. Las redes sociales me deprimen muchísimo. Me hacen sentir muy sola, muy sola. Veo como todos se relacionan, se hablan, se hacen chistes, comparten fotos y comentarios con sus propios códigos virtuales pero que supuestamente reflejan una realidad concreta. Yo no sé si esa realidad concreta existe en ellos y el mundo virtual es un reflejo o si el mundo virtual es la única realidad social que tienen. El punto es que yo casi no tengo una realidad concreta. No confío en muchas personas y a muchos de mis amigos les oculto mi oscuridad, paso un buen rato lindo y cuando llego a mi casa me veo rodeada de toda mi mierda. Y ni siquiera tengo porro para pasar el rato para decir bueno loco fumo un poco y me tiro en la cama a relajarme, o a divertirme bailando los beatles sola en mi cuarto mirandome en el reflejo de la ventana de vidrio o mismo mirando las plantas del vecino de la planta baja que tiene un patio enorme y no sé por qué mierda no pone pileta el viejo puto. Ahora que me acuerdo tengo un recuerdo muy bizarro de mi infancia. Cuando yo tenía cuatro o cinco añitos vivían en la planta baja y disfutaban de ese patio una familia con algunas hijas, eran más grandecitas que yo, pero tenían una pelopincho. Y un día yo volvía del jardín de infantes, y ellas me invitaron a jugar a la pileta. Y en el ascensor yo le dije a mi mamá si podía ir y ella no me dejó, y yo estaba convencida de que podía tirarme por la ventana para ir a la pileta. Les decía que podía hacer eso y mis padres no me lo permitieron. Yo cuando era pequeña creía que podía hacer absolutamente todo, también era muy solitaria, siempre me costó tener amigos. Creía que podía bajar por la pared como una hormiga sin caerme.
En el jardín estaba re solita. Una vez en la hora de la siesta, en salita de cinco, le pregunté a la chinita del curso si quería ser mi amiga y me dijo que no, se estaba tirando por el tobogán. Después se fue a vivir a EEUU ahora debe ser feliz, ojalá viva en NYC. En ese caso debe ser una china muy mona y cool. Cool como yo no puedo ser, porque me visto mediocre, mi pelo es asqueroso, soy medio gorda y mido 1.60. También estaba la shegua de Celeste, que era una abusiva. Me tomaba de punto, era una nena gigante y re machona. Me decía que todas las nenas de la salita eran sus amigas, no mías, y yo siempre fui una mosca muerta nunca le decía nada. La única vez que repliqué, fue sacándole la lengua. Al día siguiente vino con la mamá, y la muy enferma de la madre para "vengarse", se me acercó violentamente y me sacó la lengua. Hay que ser pelotudo eh... pedazo de idiota, por eso tenía la hija que tenía. Después, Zarita era mi amiga, una peruanita creo que era. Yo la quería, aunque ahora que lo pienso, era medio zonsa, medio quedada la muy fesa. Un día se me ocurrió preguntarle por qué era negra, si había estado mucho tiempo en el balcón tomando sol. No me respondió, puso cara de fiera, se levantó de la sillita y se fue. Le pedí perdón un montón de tiempo, porque yo no se lo pregunté con malas intenciones, ni siquiera la discriminaba ni lo haría ahora, pero bueno, se lo tomó a mal la idiota. Se nota que en su casa los padres le debían hablar mucho de cómo marginaron en la historia a los negros y de las desventajas sociales que tenían por el racismo y esas cosas. Una tonta Zarita se perdió de una amiguita.
Después bueno, entré a la primaria. Yo siempre tuve como una especie de atrapa-especímenes. Durante toda mi vida me relacioné con gente medio tarada o que no estaba bien del bocho, que tenía ciertas limitaciones o que estaba muy muy quemada. Bueno, en la primaria mi primer amiguita fue Virginia, una chica proveniente de una familia clase media-baja, que nunca valoró la educación, gente muy religiosa, ignorante, y bueno, Virginia no tenía muchas luces. Aclaro que no estoy expresándome con un tono discriminador, en lo absoluto, sólo trato de expresar una realidad según mi percepción y mi recuerdo. A los pocos días, el dúo se convirtió en trío, se sumó Fiorella. Habiendo crecido en la famila en la que crecí, siempre me relacioné creando tríos en los que yo era la tercera desplazada. Y Fiorella me vino al pelo, porque tenía una personalidad y un rol en el grupo que fomentaba este posicionamiento de mi parte. Fiorella era la "líder", la linda, la canchera, esa es la palabra, era canchera. Todos gustaban de ella, ella mandaba. Y cuando en un recreo yo caminaba con Virginia, y Fiorella vino a preguntar si podía ser nuestra amiga, yo dije "no", pero Virginia dijo "sí". Desde ese entonces Fiorella "me sacó" a Virginia, que por cierto, para mí funcionaba como un bastoncito que me daba seguridad. Formamos un trío en el que Fiorella quería estar siempre sola con Virginia, y ambas poníamos a Virginia en la situación de tener que elegir entre una y otra. Tuve una infancia con mucha mierda, poca creatividad, poca niñez, poca inocencia, mucho maltrato social y discriminación. En general, pasé la mayoría de los recreos de mi primaria solita. Me victimizaba, lloraba todos los días en mi casa y creía que me iba a morir si me dolía la cabeza. También me dejaba llevar por los fanáticos religiosos como Virginia, y creía en Dios, más o menos hasta cuarto grado, después se me pasó. Me encomendaba a Dios todos los días, era super cursi y hablaba de "amor" y de "amistad". Le suplicaba a Dios cosas que ya ni recuerdo. Por otra parte, en mi casa crecí en un mundo de adultos. Papás grandes y tres hermanos muchísimo más grandes que yo. No tuve una casa muy infantilizada. Veía Chiquititas y cosas así, admiraba a Britney y a Christina, y moría por los Backstreet Boys. Todas cosas que no fomentaban mi imaginación. Si leía era para mostrarles a los adultos lo que hacía, y para superar a Bianca que era una niña muy lectora y avocada a las artes. Bianca lo hacía genuinamente porque adoraba leer y escribir, yo lo hacía para destacarme en algo. A todo esto, mis compañeros se ensañaban conmigo, yo era la mosca muerta en la que descargaban toda su violencia y soberbia. Me llamaban bruja y se complotaban entre todos para reirse de mí, yo era el chivo expiatorio. Me llamaban fea, se reían de mi nariz, de mi apellido, de todo lo que podían reirse y de lo que no también. Hasta de mi voz, por eso dejé de hablar mucho tiempo, para que no se rían de mi voz, hablaba lo menos posible. Una vez un niño horrendo obeso y gigante, lleno de granos y de ropaje sucio, me robó mi patito precioso que yo adoraba y me había regalado Silvia, una amiga de mi mamá que vive en Montevideo. Me lo robó lo paseó por todos lados y lo tiró a la basura, yo lo recuperé y me puse muy mal, capaz ni lloré pero por dentro me apené mucho. Sabrina tenía otro peluche de animalito, y me decía que el de ella era mejor, es verdad, era más suave y como era marrón no se notaba la mugre, como en mi patito blanco.
Voy a contar una cosa más. Algo que me marcó mucho y me hace llorar, aunque capaz a terceros les parece poco meritorio de tanta salsa. Mi cumpleañitos de quinto grado, cuando cumplí 11. Estaba abandonando lentamente mi infancia, y una mirada irónica y negativa de la vida nacía silenciosamente en mi interior. Mis padres y los padres de Bianca decidieron festejarnos el cumpleaños juntas, porque ambas cumplíamos el 5 de octubre, y así podíamos festejar en un salón, abaratando costos. El salón se llamaba Nueva Luna. Previo al festejo, yo desafié a mis compañeritas a que me iba a teñir el pelo, y ante sus réplicas y negativas, lo hice. Una tontera, todo lo hacía para mostrar, para generar un lugar (de mierda) en el otro. Mis compañeritos obviamente siempre adoraron a Bianca, o al menos la querían mucho, Bianca se llevaba bien con todos y era genial, super creativa y divertida. En cambio, yo era la bruja fea aburrida que no decía nada y la pasaban por arriba. Cuando empezaron a llegar los nenes, traían sus regalos, y ahí se marcó la primer diferencia. A Bianca le traían cosas mucho mejores que a mí, o le traían lo mismo, y adelante mío le decían que después le daban otra cosa más, porque claro, algunas madres no eran desubicadas y si dos nenas festejan juntas un cumpleaños, no da que a una le regales una muñeca Barbie y a la otra una muñeca Gloria, que eran una garompa de plástico hueco. Por ejemplo, Florencia nos trajo una riñonera a ambas, pero la de Bianca estaba llena de pins, y la mía no tenía ni uno. Los nenes, siempre más malvados, como Emiliano o Agustín, directamente venían y me decían que habían venido por Bianca, no por mí, que era una bruja. La tenían con que yo era una bruja desde primer grado, sólo porque el salame de Agustín empezó a divulgar ese rumor sin fundamento alguno y todos se agarraron de eso para divertirse. La estructura social se ve tan clara... que patéticos que eran, y ahora la mayoría son unos perdedores hundidos en la miseria, que se creen que el mundo termina en Floresta. Bueno, después el cumpleaños siguió, y yo estaba medio colgada de una percha. Viendo fotos comienzo a recordar ciertos detalles. Nos ponían "mayonesa", "el meneaito", y canciones de esa calaña. Fiorella, como la estrellita pop de la Escuela República del Perú (pufffffff), bailaba muy bien, se había puesto un topsito corto rosa y unos pantalones de jean oxford, bien a la moda new millenium. Era super flaquita y bailaba diez puntos, yo la imitaba todo el tiempo. En las fotos me veo, en casi todas en las que estamos bailando, mirándola a ella tratando de copiar sus pasos. Me daba verguenza ser alguien, existir, creía que no tenía el tupé de estar ahí, tenía miedo, les tenía miedo a esos monstruos que iban a juzgar todo, pero la responsabilidad se aliviaba ya que todo, la comida, los juegos, el salón, también lo tenía Bianca. La animadora era una perra, tenía muy mala onda, nos maltrataba, nos gritaba... una bicha. El momento de la torta fue uno de los peores momentos de mi infancia. Los papás y abuelos de Bianca cocinaban como los dioses, en su casa siempre había golosinas y helados y tortas y galletitas de chocolate. Su torta era enorme, gigante, llena de colores llamativos, parecía hecha por reposteros, y le cantaron el cumpleaños bien fuerte. La mía... mi torta era una porquería en comparación, y las pusieron una al lado de la otra para cantarnos el feliz cumpleaños, primero a ella, después a mí. Mi torta era redondita, chiquita, aburrida, con velas feas y tosca, hecha por mi mamá que aunque cocina rico, nunca se destacó en eso. Como frutilla del postre, la de Bianca era de chocolate y la mía de vainilla, es obvio que el chocolate le gana a la vainilla. Todos los nenes comieron la torta de Bianca, la mía ni la tocaron. Y no soy ciega, ya sé que competía todo el tiempo y que estaba re enferma, una vida de mierda, una infancia de mierda, transtornada del orto, perdí la mejor etapa de la vida, nunca supe lo que significaba inocencia. El cumpleaños fue llegando a su fin acompañado de más agresiones y forradas de parte de los brutos. Pero bueno, qué va a ser? Mis padres se re esforzaron para darme ese cumpleaños y lo hicieron con la mejor intención del mundo y lo aprecio.
Odio mis cumpleaños, siempre la paso mal. En segundo año, mi papá me dio vueltas con festejar los 15, y al final, como quería que yo me encargue de todo y yo obviamente no podía sóla, no festejamos nada, se pasó la fecha y todo se fue olvidando. Sin embargo yo había dicho que iba a festejar, había planeado el vestido y se lo había mostrado a algunas amigas. Luego, en tercer año, que fue el año con menos amigos de todos porque yo no paraba de arruinar todas las cosas. También mi papá me dio vueltas con el cumpleaños, me dijo de festejarlo en Tazz, pero empezaron con múltiples restricciones con mi menoría de edad, y mi papá no se hizo cargo. Yo había repartido invitaciones y todo, pero el cumpleaños no se hizo. En cuarto año, el peor. El 4 de octubre, un día antes de mi cumpleaños, falleció mi abuela Ñata, mamá de mi mamá. Yo había arreglado con Daitch que festejaba su cumpleaños esa noche, o sea, la del sábado 5, que podía ir a festejar mi cumpleaños con mis invitados a su casa, donde él festejaba el suyo, ya que yo no tenía donde festejarlo y además teníamos amigos en común. De todos modos, yo no iba a ser la principal, el anfitrión era él. Yo tenía todo arreglado, había mandado mails y todo a las personas que quería que vayan. A la noche, me estaba preparando para ir, obviamente triste por el fallecimiento de mi abuela, y mi mamá me hizo todo un planteo en el que me hizo sentir terrible conmigo misma de por qué no debería ir a lo de Daith, de que cómo podía salir a festejar, y que además ella necesitaba que sus hijos estén con ella y demás cosas, todo en una situación super horrible de reproches personales que me hizo querer suicidarme el día de mi cumpleaños. En esos tres años, nadie más que mi familia me cantó el cumpleaños. Finalmente no fui a lo de Daitch y les avisé a quiénes pude mi situación. Mi mamá tenía razón, tenía su verdad, pero nunca pudo ver mi verdad, no entendió lo horrible que era todo para mí. También recuerdo que en tercer año, Agus Pizynski cumplía años cerca de mi fecha y festejó su cumpleaños al día siguiente del mío. Algo horrible, porque no sólo que no podía festejar mi cumpleaños, sino que tenía que festejar el de otra persona, rodeada de personas que me miraban mal por motivos quizás fundados pero también pendejos, y está bien quizás, teníamos 15/16 años. Como si fuera poco, había otra chica en mi situación festejando el cumple de Agus, y a ella le cantaron el feliz cumpleaños, a mí no. Me sentí super mal, super mal. En el año que estuve libre, que debía cursar quinto, ni festejé mi cumplaños y éste fue solitaio pero sin desilusiones, nadie me cantó el feliz cumpleaños ni me regaló nada. Me voy a ir, adios. No aguanto más, soy una tarada.