sábado, 27 de noviembre de 2010

BASTA DE TEATRO

Los programas cuya consigna es “QUIERO SER FAMOSA”, encubierta bajo la nómina “Bailando por un sueño” (sueño? tan dramáticos íbamos a ser? chau) o “PopStars” son simbólicos. Son claros ejemplos, exacerbados, ridiculizados y llevados al extremo, del ocultamiento del ser por la vida en la sociedad como si ésta fuera un rebaño al que nos acoplamos por miedo y masificación. Para alejarnos del ser nos refugiamos en la normalidad, entre otras cosas. De aquí surgen conceptos como la fama por la fama misma. “Mi sueño es ser famosa”. Sería: yo no quiero ser cantante/actriz/modelo/mosquita y desempeñarme tan bien en la materia acorde a mis deseos y vocación, sino que es todo un medio para ser famosa, para llegar al refugio mayor y ser la reina de las refugiadas. La reina de las refugiadas. A ver quién se lleva el premio… “necesito subirme a una tarima para que toda esa atención satisfaga el agujero interno causado por mi autodesconocimiento que no estoy capacitada para afrontar”. Y lo más controvertido es que todo esto no es una decisión personal, sino fruto de la masificación que me arrastra en su ola de vacas que viven el instante atemporal, punto único en la infinidad del cosmos. Puntito. La vaca es un cuerpo. El humano tiene ego, eso significa, tiene la capacidad de trascender su propio ente y el de las cosas para comprender su ser. La reina de las refugiadas ganó subir al eslabón más alto de la superficialidad. En lugar de verla como una preciosita la veo como una masa marrón aforme de la que salen burbujas verdes y vomita sangre, desesperada por subir al pedestal llevándose todo por delante. Bruta, bruta sos. Monstrua. Monstruo. ¿A ver a cuántas personas lográs tirar para llegar a tu proteccioncita? Claro, todo eso es la exageración del concepto: no nos entregamos al ser porque fuerzas externas le ganaron a nuestro libre albedrío y vivimos cegados por la normalidad y la docilidad. La ceguera suprema… que tristeza me da. Inmersa en ese mundo vivo conociendo a mi ego como me conozco la figura geométrica que tiene todos los lados iguales y ángulos de noventa grados, pero no a mi ser. En todos estos años jamás me entregué, jamás siquiera cedí a encaminarme. No puedo, no lo sé hacer. No me conozco, tanto que no puedo ser el eje de mi vida. No soy Juli que vive su vida siendo auténtica en todos los espacios. Soy Juli que no puede conciliar los espacios porque el elemento común e hilo conductor no existe, o más bien, no lo encontré. Vivo por “impulso”, y eso no significa que sea espontánea, sino que soy una vaquillona. Rancia y bruta. Lo más triste es que no es decisión propia, reitero, es el “destino” (entrecomillas porque es un concepto complejo sobre el cual no me voy a explayar pero con el que tampoco se puede andar jugando, principalmente porque no tengo sentido del humor) y fuerzas externas que priman sobre mi libre albedrío y que mueven mi vida conduciéndome a sobrevivir y no a vivir. Y en toda esta puesta en escena, me doy cuenta que yo soy un teatro, burdo y grotesco, desesperado como pocos. Todo este asunto de entregarme a mi ser me lo tomé tan seriamente, que finalmente me perdí en la abstracción y en el vacío generado por la obnubilación de la nada. Y perdí, perdí… No quiero recluirme dos meses a abstraerme, quiero aplicarlo a mi vida. Mi vida es una teoría que se perdió en el palabrerío. Estoy harta de que todo signifique algo, de que todo tenga que tener un cuidado. Estoy cansada de pensar a las personas como seres y no como egos, o más cerca aún, personas. Lo cotidiano lo desprestigié y es ahí adonde debo aplicar mi paz interna. Digo… mi supuesta e ideal paz interna.
En el colegio soy una persona, pero luego cuando hablo con los pibes y convivo con ellos me doy cuenta que la Juli del colegio no es la Juli sino una Juli que está ahí por supervivencia, una Juli que en realidad no existe. Y mentira, mentira mentira mentirota. Porque si yo fuera yo, podría ser Juli en el colegio, en mi casa, con los pibes y con Joaquín. ¿Y qué pasa cuando estoy sola? No pasa nada tampoco. No es que soy yo, soy yo satisfaciendo mis necesidades básicas. Puro teatro, pura careta, pura caca pura teoría e idealización. A ver si puedo vivir un poco más el día a día que con eso me construyo.
Yo siempre pienso que no quiero tener 38 años y decirle a un chico de 17: yo a tu edad también era así, estaba loca, estaba re en la mía, tenía flashes existenciales y espirituales pero cuando vas creciendo tenés que encargarte de cosas más importantes fafafafa. Chau. No, sí loco, chau, caca pura. Así no va. No es así, no es que voy a darme cuenta de que todo era una pelotudez, sino que debo aplicarlo y apegarme un poco más a lo pragmático, porque en definitiva, la vida es una prueba de manifestación del ser, y no sé si mi objetivo es entregarme a ese ser o vivir de manera auténtica y con respeto hacia mi misma mis deseos que surgen de mi yo interno en interacción con la realidad concreta. Tiene que haber un equilibrio. Que la Juli que viva no sea sólo la respuesta a diversos estímulos provenientes de los diferentes espacios que competen en mi vida. Que Juli sea una expresión de ese ser, yo quiero entregarme y vivirlo e interiorizar, pero de nada sirve si en la realidad concreta no lo aplico, porque tengo que probarme ante los sentidos externos y la interacción, para seguir creciendo y porque sino estoy viviendo una mentira desde una torre de marfil con espejos de cristal.
Más naturalidad, por favor te lo pido. Un ejemplo de esto es mi vestimenta. Algunas noches no hay mucho para hacer y capaz alguien puede poner la casa para tomar algo o pasar el rato, es decir, situación bien cotidiana y ranchera. Y yo voy vestida como si fuese a bailar. ¿Eso significa que vivo las cosas con la misma magia que a los cinco años, y tengo ganas de ponerme linda para ver a mis amigos? ¿O significa que soy una desmedida que quiere llamar la atención y todo lo vive con la dimensión de la tensión dramática? Si no tengo sentido del humor es porque todo me lo tomo demasiado serio, preocupándome por establecer los límites entre el otro y el yo. Entre mi ego y la realidad externa. Todo impecable, todo para la obrita, a ver si me aplauden fuerte. Chau no puedo seguir viviendo así, es todo una gran farsa. Me quiero morir.
Quiero vivirrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

miércoles, 3 de noviembre de 2010

INFERNO

Cuando más se adentra uno más calor hace y menos aire hay. La sequedad, la grieta y el agobio. Me asfixio. Mi hogar ha sido usurpado definitivamente. Satán se ha mudado y ahora duerme en mi cama.
No tengo lugar, y mañana tengo que ir al colegio.

sábado, 16 de octubre de 2010

LUPITA

No me pinches el globo que si estoy soñando no me importa...

lunes, 11 de octubre de 2010

HOY ME LEVANTÉ BASTANTE LIMADA DEL BOCHO Y ESCRIBÍ ESTO

Los hombres se enroscan con… ( ¿?) … No me acuerdo qué. Con el aire. No sé. Los hombres son los individuos más vulnerables que existen. Pero uno sabe cuáles son los hombres inquebrantables. Parece que estoy idealizando, pero no. Con inquebrantables me refiero a íntegros, no a perfectos ni puros ni mejores. A hombres que no se ven patéticos encubriendo sus necesidades animales en actitudes más elevadas. Y eso ya sé con qué tiene que ver. Tiene que ver con si el hombre está entregado a su yo interno o no. Guido es una persona íntegra porque está en paz interna. No, en paz no se si está, no sé si llegó a tanto, pero es un tipo que se pudo entregar a su deseo, es decir, a su ser. En cambio, XXX es tan vulgar. Es tan rompible. Su vida no es deseo, es pretensión. Uno para no entregarse a su ser puede convertir el deseo en pretensión. ¿Cómo? Viviendo por el deseo puro y no por el camino hacia él. Porque uno se realiza con el camino, no alcanzando el deseo en sí. La vida es un camino a. XXX es atravesable por sables por ese motivo. Lo que se ve de él es un armazón de fuerza y pretensión lograda. Porque lo que él aparenta es que ha cumplido sus pretensiones. En realidad eso no lo sabemos, pero su escudo está manchado con esas exhibiciones. Uno piensa que. Uno piensa que él es fuerte. Se muestra seguro. Es un chico “no-me-importa-nada”. Y en ese nada cabe justamente, la nada, el anonadamiento, porque él está anonadado con la realidad sólo que se cubrió de esa escarcha podrida para pisar tierra. A él le importa todo. Él le habla a una persona mirando de reojo a todas las demás. Y esto significa muchas cosas. Su vida es un actuar constante, entonces controla cómo el público vive su pieza de teatro. Ayer lo observé mucho, por eso me miró mucho, porque sintió que yo le estaba prestando atención. ♥♥♥ lo ama, pero él a ella no. A él ni siquiera le importa ella. La vida de ♥♥♥ pasa por el colegio y por XXX, su vida empieza los lunes y termina los viernes, y el fin de semana es un receso. XXX vive los fines de semana y se entretiene con ♥♥♥ de lunes a viernes. Él no la ama. Sólo flashea. Y flashea aún más porque ella lo ama. Pero su vida no pasa por ♥♥♥ y ni siquiera la considera. ♥♥♥ es una persona muy sensible y muy frágil. No es rompible porque es demasiado delicada, es como un bebé que no se despertó, que todavía no se atravesó, pero que está por aprender a caminar, y ella lo sabe. Pero es tan insegura, que se ve atraída por la figura de XXX, que es el macho fuerte. En realidad es un cachivache. Ella depositó lo que le falta, la carencia interna que no le permite dar el salto hacia si misma, en XXX. Es decir, ella no está en relación con su ser porque su vacío interno proveniente del autodesconocimiento no se lo permite. Entonces se enamoró de XXX. Su zona de confianza pasa por la figura de XXX. Por ese macho viril que además tiene la dosis de bizarrez que se la da el hecho de que XXX es bastante cool. Pero sigue siendo un camionero. Y ojo, porque yo a los camioneros los respeto. Pero si uno piensa en un camionero, por lo general, lo primero que se le viene a la cabeza es un gordo sucio transpirado sentado en esos asientos de cuero bordeaux escuchando alguna bizarreada por la ruta. Y ojo, un gordo asqueroso, medio pervertido quizás, que les toca bocina a las mujeres lindas (en realidad no pasan mujeres caminando por la ruta, pero bueno, es la imagen jeje). Bueno, la imagen que me transmite el camionero es la de un bruto, y así es XXX. Con esto quiero decir que XXX no es como un camionero, sino como la imagen que tenemos incorporada de un camionero. Camionero Camionero. Porque hasta Miranda! entendería, si ellos mismos dicen “yo quiero ser tu negro del camión”. Ellos al parecer entendieron el rol del camionero en todo este asunto.

La crudeza con la que veo a los humanos es lo que me mata. Uno se enrosca con su propia visión de las cosas. No puedo entregarme a vivir, sólo puedo observarlo todo, y quizás ese sea mi gran refugio. Así me protejo de mi misma, maybe, no? Soy tan racional, y todo el tiempo palpo la pateticidad. De mi misma, que proyecto en otros personajes, como el de XXX. Pero en realidad me estoy criticando a mí.

Es gracioso pensar en cómo conviven los dos mundos. Me pregunto si a todos les pasa. El mundo de mis amigos, del colegio, mi vida social. Y el mundo de mi casa, familiar. Yo no sé a cuál pertenezco realmente. Son mundos muy separados, sí, que yo misma creo me encargué de hacerlo. Cuando estoy con mis amigos, me pienso “afuera de mi casa”. Como si perteneciera al mundo b (casa/familia), y por ese instante haya decidido vivir en el mundo a (amigos, exterior, social). Cuando estoy en mi casa, no sé. Cuando estoy en mi casa siento que en realidad es una morada de descanso para volver al ruedo. Y ahora entra aquí otra idea muy distinta que apareció en mi mente en un momento muy distinto y que recién ahora las relaciono. La vida se trata de un salir constante. Voy a. Pero no como camino a. No como camino al ser, aunque este no se alcance. Es un “voy a” por el mero lugar final pero en realidad este ya no importa, sólo vale perderse en la nada que genera ese circuito enfermizo de ir siempre a otro lugar. Si estoy en mi casa, siento que tengo que salir. Y cuando salgo, siento que tengo que volver. Cuando salgo siento que estoy afuera. Cuando estoy adentro siento que estoy adentro. Okey, eso fue muy redundante, probablemente la frase más redundante que escribí y quizás oí en mi vida. Pero el punto es que cuando estoy adentro siento que debo salir. No quiero que haya adentro y afuera, quiero que haya un acá. Si voy a una fiesta, al colegio, si salgo con alguien, sólo creo que en algún momento tengo que volver y me siento afuera. Pero en el adentro vivo para el afuera. Desde adentro lo único que hago es prepararme para mi salida. Y eso es porque aunque yo entiendo muchas cosas estoy muy bloqueada. No he podido entregarme ni en lo más mínimo a mi ser. Porque de modo contrario, no viviría ni afuera ni adentro, viviría para mí, acá, hola. Muy coloquial toda esta situación.

So… I think this is so over now.

jueves, 7 de octubre de 2010

NO ME IMPORTA MORIR


Cuando no haya aire para respirar, te estaré asfixiando. Me siento sensitivamente rara. Animícamente desbalanceada. No estoy triste ni feliz, o las dos cosas a la vez, pero no es que estoy feliz por algunas cosas y triste por otras, o feliz por algún aspecto de alguna cuestión, y triste por otro, sino que ambos estados se conjugan en uno nuevo que me perturba. Ayer fui al recital de Pixies, y fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo. Soy una histérica. No entiendo mis reacciones ante los estímulos de la realidad externa a mí. Me cuesta mucho interactuar sin sentirme descolocada. Todo me irrumpe. Vivo deseando enamorarme como la canción No me importa Morir de EOY, pero a la vez yo sé que eso es un refugio para no entregarme al camino hacia mi ser. Creo que ese deseo es más bien una pretensión y por eso reacciono inestabilizándome cuando se cumple. A la vez, ese desequilibrio que aparece puede ser resultado del miedo, o la presión de que mis acciones insiden en otro. Quiero estar sola para siempre o acompañada. Y a la vez a veces caigo. Y a veces también me doy cuenta de que todos los días pienso en ciertas personas, ¿vivo un poco para ellas, quizás? No sé. El punto es que esas personas sólo se acuerdan de mí cuando me ven.
También busco revivir a una persona en otra. Eso es lo peor. No sé nada. Estoy como en una bajada. Como al borde de un avismo, no sé. Tengo tantas pretensiones y tantos miedos y tantos prejuicios.
No amo a nadie. No quiero tener que salir nunca más. No séééééé.
Me siento adolescente. Me siento EOY.

lunes, 12 de julio de 2010

RUTINA DE LA MÁS GENIA DEL MUNDO

Quería contar un poquito sobre mi rutina actual. El despertador suena a las seis menos once. No sé quién lo escucha, no sé quién lo apaga (si es que eso realmente ocurre), pero yo me levanto a las seis y doce. A veces la estiro hasta seis y veinte. Me visto, me pongo los borcegos que uso todos los días desde hace cuatro meses, me seco el pelo, me tomo el café o té, me hago un buche con Colgate Plax, y luego me lavo los dientes con Colgate. Uso un cepillo Oral-Pro Rosa que está hecho mierda porque me lavo los dientes muy fuertes. En los últimos días me salieron dos llaguitas, y luego se sumó otra más ya que me mordí comiendo una medialuna en la hora de geografía. Entonces, cuando me lavo los dientes me duele mucho, pero después me pongo xilocaína con un hisopo y se calma el dolor por un rato. Encima una de las llagas se ve cuando sonrío, no creo que nadie quiera darme un besito si me llego a estallar de la risa, cosa que suele suceder.

Luego, me lavo la cara, me maquillo, me doy otro retoque en el pelo, traslado monedas y billetes de la billetera de mi madre a la mía, y salgo. Vivo en un segundo piso, y cuando bajo por las escaleras, últimamente me encuentro al señor Julio (un individuo detestable por su impertinencia, su chusmería y su cara de "tengo ocho pijas atravesadas por el orto hace 25 años"), portero del edificio, pasando un trapo por las escaleras en el primer piso. Con un tono muy insolente que roza el maltrato, me dice que está limpiando y que las escaleras no se pueden usar. Seguido de esto, me impide el paso con la escoba, que la coloca de pared a pared, y tengo que acudir a modos de habla poco cordiales para poder llegar a destino.

- ¿No te das cuenta que estoy limpiando? Por acá no se puede pasar, usá el ascensor.

- No voy a usar el ascensor por dos pisos, tardo más, además cuando comencé a bajar las escaleras no sabía que estabas limpiando, y no voy a subir de nuevo para tomarme el ascensor. Así que lo lamento, pero si me permite, voy a pasar de todos modos. Adios!

Dejemos en claro que esto ocurre hace pocos días, habrán cambiado los horarios de limpieza, pero antes nunca pasaba. Quizás, por consideración, decida tomarme el ascensor si huelo a producto de limpieza.

Luego salgo del edificio, mientras camino guardo las llaves y me echo a pique. Corro porque el colectivo que debo tomarme pasa a una cuadra de mi casa, y la bronca que me da cuando estoy a un metro de la parada y no llego a tomarlo, es inexplicable. Y encima para ver que una cuadra después de la parada donde yo debo tomarlo, lo varó la barrera, y está cinco minutos ahí al divino botón, cuando podría estar en la parada esperando que yo suba. Aclaro que este es el colectivo que pasa a las 6:47 AM.

Luego me dispongo a colocarme los auriculares, elegir el disco que voy a escuchar, y esperar al próximo colectivo. Éste arriva a eso de las 6:52. No es muy raro que termine tomando el colectivo que pasa a las 6:57,o peor aún, como caso extremo, a las 7:01.

Pasados aproximadamente unos quince minutos de viaje por la Avenida Rivadavia, me aproximo a la puerta, toco un botón y me bajo en Rivadavia y Carabobo, donde está la estación de subte. Corro cinco metros y desciendo al subterráneo, donde con mucha impaciencia espero que la gente que está antes que yo en la cola saque su ticket. Quisiera hacer unos comentarios al respecto. Por un lado, me gustaría torturar a la gente, sacarle las tripas y hacérselas tragar, ya que compran un ticket de un viaje con diez pesos, o un billete incómodo para el cambio. A diferencia de esos inoportunos, yo llevo un billete de dos pesos y una moneda de diez centavos, para no tardar más de tres segundos en comprar mi ticket. Inmediatamente me devuelven una sencilla moneda de un peso y un cartoncito rectangular. Pero acá hay otra cuestión, y es la ineficacia de los inoperantes trabajadores del subte. Toman mate, charlan entre sí, todo con una persimonia que me hace pensar solamente en estrolarles la cara contra una pared llena de chele, y luego desfigurarlos y cortarles el cuero cabelludo, al mejor estilo Tarantino. Después de esta incontrolable peripecia, cargada de un stress descomunal, atravieso los molinetes corriendo, bajo las escaleras y, si todo sale bien, me tomo el tren que parte de la estación a las 7:07.

Siguiendo la suceción de hechos, ahora voy a relatar algo que me da asco. Me da asco por la gente. Yo, como muchos otros, espero el tren detrás de la línea amarilla, sin meterme entre las personas ni atravesar los límites espaciales ajenos. No obstante, este clima de tranquilidad aparente, donde todos son respetuosos con los otros, se rompe inmediatamente cuando llega el subte. Éste se detiene, abre sus puertas, y la gente comienza a empujar para subir primero y viajar sentado. Yo juro que prefiero subir última y viajar como una sardina antes de perder mi estribos y convertirme en una bestia salvaje sólo para conseguir un lugar. Qué asco me da esa gente! Qué bajeza! No pueden ni esperar a que desciendan los que vienen dentro del tren. Se arrematan sudados, babosos, pegajosos y peludos, con esas encías a la vista para obtener su propósito. Uno pensaría que es una cuestión de vida o muerte lo que los lleva a perder su humanidad y convertirse en bestias. Porque no son ni siquiera animales, son bestias! Perdieron toda condición de humanos, yo diría que no merecen ser respetados como personas, pero tengo ciertos principios y por eso mantengo mi compostura.

Luego de un viaje en el subte, a veces agradable, otras veces llenos de stress o nerviosismo, bajo en la estación Perú. Corriendo a toda velocidad me dirigo hacia el colegio por adentro de los túneles subterráneos, ya que afuera hace demasiado frío. Llego al colegio, el regente que siempre está en la puerta me mira con cara de: otra vez tarde, señorita Montes? Subo las escaleras casi sin aliento, y con el último respiro ingreso al aula, doy el presente y esbozo un fingido y encantador saludo.

- HOLIS, BUENOS DÍAS.

Me dirijo hacia mi asiento temporario. Es temporario porque mi estadía en ese colegio es temporaria, más temporaria que la del resto. Porque no tengo un lugar. Antes me sentaba con otras personas, pero ya me cansaron lo suficiente. Eran insoportables, no paraban de hablar, eran feos, murmuraban, eran irrespetuosos. Lacras, eso eran, no servían para nada, no aprovechaban nada de lo que les da el colegio. Sé bien que este quizás sea un juicio bastante apresurado, pero la impresión que me llevé de ellos es que son personas como animales. Esos que no se preguntan nada. Que sólo viven, como los caballos que comen pasto instintivamente, y sólo hacen eso, están ahí en estado latente. Y no quiero menospreciarlos, pero así eran. Probablemente algún día les llegue el momento de hacer la revolución interna, pero actualmente son así, larvas. Mi problema es que si ellos no perjudicaran a los demás con su superficialidad, estaría todo bien, pero no. ¿Por qué tengo que bancarme escuchar los comentarios de football justo cuando el profesor de matemática está dictando algo? Una cosa es que hablen en clase, pero otra cosa es que zumben, porque no hablan, zumban! Es evidente que en un colegio en el que se da clase como en la universidad, si el profesor de digna a hacer un dictado es porque se trata de algo realmente importante, y que si no lo copio después voy a tener que molestarme y buscarlo en algún libro. Y ni siquiera tengo el carnet de bilbioteca, cuando se lo pido prestado a algún compañero me ponen mala cara.

- Pueden dejar de hablar UN MOMENTO? Por favor, está dictando, un momento te pido.

- Vos que te sacaste en matemática?

- Me saqué una baja nota, tengo que sacarme un diez para levantarla... vos?

- Yo me saqué un nueve.

Y encima se atrevía a ponerme cara de sobrador, no se da cuenta que justamente porque me saqué baja nota necesito prestar atención? qué? que a vos te haya ido bien te autoriza a hablar y molestar a los demás? Con la cara de feo que tenés no me vengas a hablar con ese tono, antes depilate la ceja, forro!

El asco.

Luego, cansada de la fealdad y la insolencia, me cambié de lugar. Me senté del otro lado del aula, al lado de gente bastante más copada. Sin embargo el malestar prosigue quebrando y rompiendo las barreras de mi paciencia, que ya me queda poca.

La desilusión.

Yo llegué al curso re contenta creyendo que eran todos re buena onda, buenos compañeros, divertidos, solidarios, pero me equivoqué... Hay gente inteligente, pero tan egoísta. Por ejemplo, hay uno que ya lo tengo entre ceja y ceja (a diferencia del pelotudo que se sacó nueve en matemáticas que como tiene una sola ceja, no puede), que sabe muchísimo, es notable su facilidad para incorporar conocimiento, y que cuando le preguntás algo no te responde, te responde mal, o te dice que le consultes a alguien más. Atrevido.

También está el que se sienta atrás mío, que no para de moverse y hacer ruidos. ¿Qué le pasa? Por favor... Todos gritan, hablan sin parar, ¿no pueden callarse tan sólo un momento? Encima yo estoy tan afuera de todo, estoy en otra etapa. Ellos están en la secundaria, y yo estoy haciendo un trámite. Me siento tan sola, y en ese aula de porquería hace un frío tremendo ya que el vidrio de una ventana está roto entonces entra todo el viento helado, para acompañar un poquito el ambiente.

Dos horas de economía... ¿cuánto falta para morirme? Quisiera esconderme, desaparecer. Me siento tan observada y tan insignificante a la vez. A nadie le importo. Me hice amiga de una chica con la que tenemos una relación de amor y odio. Yo la quiero, pero ella no me entiende. Yo no sé si la entiendo o no a ella, probablemente no la conozca casi nada en realidad, pero el comprenderla no se da como un problema. En cambio, su comprensión hacia mí, sí. Es chocante (no ella, la comprensión). No entiende mis modos, mis códigos, piensa muy diferente a mí y cuando le digo lo que yo pienso se enoja. Se enoja porque no le gusta cómo hablo, no le gusta que yo retrueque todas sus palabras, yo tengo la capacidad de justificar todo lo que digo cuando me atrevo a desmentir lo que dice alguien, y eso (yo lo entiendo) es insoportable. Pero no digo esas cosas de pedante, las digo porque a veces veo que tiene una visión de la realidad demasiado adolescente o poco pensada, limitada quizás, y quiero darle otro panorama. Ojo! Ella es inteligentísima y llega a un nivel de profundidad interesante de las cosas. Y muchas veces es ella la que me da lecciones a mí, aunque no sea conciente de eso. A mí muchas veces me pasa que veo la realidad de manera limitada, le pasa a todas las personas, las discuciones están buenas porque te abren la cabeza a otra interpretación de los sucesos. Pero ella se lo toma todo a mal en estos casos. Yo soy un poco soberbia, es verdad, lidio diariamente para corregir ese defecto. Sin embargo ella no puede atravesar esa capa de superioridad que tengo yo, y ver algo más. Porque me imagino que nadie va a creerse que una persona soberbia no vale la pena sólo por eso, detrás de esa cualidad hay mucho más. La cuestión del soberbio es que puede tener cosas muy interesantes para decir, pero manchadas de pedantería. Está en el otro, como persona, abrirse y ser lo suficientemente maduro para no entrar en ese jueguito y rescatar lo que vale en verdad.

Dos chicos me gustaron este año en el colegio. Bueno, me río un poco. "Me gustaron"... me fijé en ellos en realidad, pero no me dieron cabida. Uno me empezó a tratar mal de un día para el otro así que lo dejé pasar. Y eso que yo di mucho de mi parte. Y otro, es más chico que yo y se nota, es entendible que no sea capaz de conocer a una persona sin pensar "uh, Juli me quiere dar jojo"... patético si lo pienso con mi cabeza, pero no tanto si me pongo sus zapatos. Está en cuarto año, se entiende que piense así.

Lo mismo que mis compañeros de división, incluso el uniceja, el que no para de moverse y hacer ruidos, y el genio egoísta. No son malas personas ni inútiles ni superficiales porque eso no existe, es relativo. Sólo están en otra etapa, y si me pongo en sus zapatos no es tan difícil comprender su actuar. Pero bueno, yo no vivo en sus zapatos, y estar tan descolocada, tan descontextualizada es difícil. También, sería muy fácil juzgarme porque no me banco nada y odio todo. Pero tener que mantener una rutina y una vida amoldada a caber dentro de un lugar al que ya no pertenezco es dificilísimo. Yo hago el esfuerzo igual, aunque no parezca. Está en mí aprender a manejar las cosas de la mejor manera posible. Mi objetivo es lograr cumplir con lo que es menester, sin perderme. Sin perderme de mí. Manteniendo, como dije antes, mi compostura, mi yo.