Cuando no haya aire para respirar, te estaré asfixiando. Me siento sensitivamente rara. Animícamente desbalanceada. No estoy triste ni feliz, o las dos cosas a la vez, pero no es que estoy feliz por algunas cosas y triste por otras, o feliz por algún aspecto de alguna cuestión, y triste por otro, sino que ambos estados se conjugan en uno nuevo que me perturba. Ayer fui al recital de Pixies, y fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo. Soy una histérica. No entiendo mis reacciones ante los estímulos de la realidad externa a mí. Me cuesta mucho interactuar sin sentirme descolocada. Todo me irrumpe. Vivo deseando enamorarme como la canción No me importa Morir de EOY, pero a la vez yo sé que eso es un refugio para no entregarme al camino hacia mi ser. Creo que ese deseo es más bien una pretensión y por eso reacciono inestabilizándome cuando se cumple. A la vez, ese desequilibrio que aparece puede ser resultado del miedo, o la presión de que mis acciones insiden en otro. Quiero estar sola para siempre o acompañada. Y a la vez a veces caigo. Y a veces también me doy cuenta de que todos los días pienso en ciertas personas, ¿vivo un poco para ellas, quizás? No sé. El punto es que esas personas sólo se acuerdan de mí cuando me ven.
También busco revivir a una persona en otra. Eso es lo peor. No sé nada. Estoy como en una bajada. Como al borde de un avismo, no sé. Tengo tantas pretensiones y tantos miedos y tantos prejuicios.
No amo a nadie. No quiero tener que salir nunca más. No séééééé.
Me siento adolescente. Me siento EOY.
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